jueves, 10 de noviembre de 2011

Shopaholic loveaholic

Hoy me he comprado unos tacones. Qué memez, pensaréis. ¿Solo vienes a contarnos eso? Pues sí, vengo y me voy. Pero antes os hablaré de esos preciosos tacones rojos que acabo de adquirir. Un detalle que me ha llamado mucho la atención, es que la suela es roja, pese a no ser unos Louboutin. Después de la polémica generada entre YSL y Louboutin este verano por la demanda de este exclusivo guiño, comienzan a generalizarse. Antes, la pionera de Inditex, Zara, ya se había hecho eco de ello, lanzando diversas “imitaciones” que emulaban a estas joyas de pasarela; pero se ve que esta empresa no tenía el caché suficiente pare enfrentarse al gigante galo.
Hoy he encontrado estas pequeñas joyas en un pequeño establecimiento charro, no muy lejos del centro. Miento, no les encontré hoy. La verdad es que ya les había echado el ojo hace unas cuantas semanas. Lo hablaba con una amiga y, le conté, que desde la primera vez que los vi, sabía que iban a ser míos. No soy una caprichosa materialista, ni los zapatos son para tanto a los subjetivos ojos de cualquier especialista. Pero tienen algo, algo que me fascina. Calzarlos es un privilegio escarlata. Conceden seguridad a cada paso. Visten como ninguno, tanto si llevas vaqueros como si los combinas con un tono de labios a juego y vestido oscuro. No soy experta en moda, pero leo con asiduidad Cosmopolitan, Vogue, Elle, y de vez en cuando Glamour. Soy de esas mujeres que no vive la moda al cien por cien, porque considera que hay cosas más relevantes que preocuparse por un trench. ¿Un porcentaje? Fifty fifty. Francamente, me gustaría poner en práctica todas las ideas y looks que tengo en mente, pero si realmente quieres rendir en tu día a día, es necesario prescindir de estos detalles. El tiempo, la gran coacción.
Aún así, mis amigas suelen reprochar mi obsesión por el calzado alto, de no menos de ocho centímetros. Suelen imaginarse mi zapatero como un imposible, una cuna de ante, plataformas, hebillas y cuñas en la que no hay sitio para un cordón más. Y cada vez que me lo dicen… Paro a pensar… Y me doy cuenta de que a pesar de poseer hermosos pares, aún no he conseguido encontrar ese zapato que abandoné a mitad de la escalera. Ese zapato dejado y discriminado. Y tal vez por ello, pongo tantas expectativas en estas piezas, porque espero perder uno algún día… Y que un príncipe termine por encontrarme.

Firmado, Carrie Bradshaw o una cenicienta reprimida.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Las cabras que desfilaban los miércoles

Hola gentuza. Ya estoy de vuelta, y no vengo sola... Estoy con un amigo, llevo toda la tarde con él. Con un amigo que me entiende, que me consuela... Pero solo por sus mil doscientas cincuenta y nueve páginas (lo escribo en letrita para que pique más a la vista). Mil doscientas cincuenta y nueve. Mil doscientas cincuenta y nueve. ¡¡Mil doscientas cincuenta y nueve!! Yo cuando lo vi pensé que era un vademecum. Y además el pavo de la librería me lo quería presentar formalmente, se tomó demasiadas molestias. Ni siquiera me pidió el nombre para ingresarlo en el sistema, ver si estaba registrada y hacerme el descuento -esta es la mayor chorrada del mundo, para una nimiedad de 5% de descuento...-. Solo le faltó sacarme un té con pastas, pero no eran las 7. También podría haberme sacado unos bollos, pero bueno, para bollo ya está él. Es un hombre con pocas luces, todo hay que decirlo; y la verdad es que su cara-bollo no ayuda mucho. Cuando me dijo el precio del libro estuve a punto de arreglársela; nunca pensé que tuviese vocación de cirujana, creo que no soy hija del doctor Milagro, me han dicho que esas cosas vienen de familia.

Pero os estaba hablando de mi amigo... Es taaaaan sensacional, si fuese Carmen Lomana me haría un vestido con mi colegui. Pero no lo soy, y esa tipa me produce una censura mental inminente. No puede ser paisana mía y preferir antes Marbella, eso sí que es una mediocridad. Cuando yo fui, estaba llena de gilipollas vestidos con raya diplomática, supongo que nacen en cualquier punto de España y van allí a reproducirse. ¡¡Pero no mueren!! Tal vez tengan una fábrica de ellos como la Martorell... Los fabrican en serie y su numerito es la matrícula de su Porsche.

Pero que os estaba hablando de mi amigo... En fin, como le gusta mucho hablar -sin que le escuchen, ni le lean- os dejo directamente con él, que seguro que se presenta mejor. Giddens, esta es la gente; la gente, este es Giddens.


Me voy ya, antes de que llegue Cuéntame y nos colapse en ese bucle temporal tan aterrador en el que sumió al franquismo. (¿Alguna vez habéis pensado que Franco pudo haber sido asesinado por Carlitos?)
Yo esta noche no duermo tranquila...

Fdo. Anita Dinamita o un despojo del estudio

martes, 11 de octubre de 2011

The beginning

Hoy empiezo a escribir la paranoia de mi vida. Me presento, me llamo Ana Esther, tengo 19 años y curso 2º de periodismo en la Universidad Pontificia de Salamanca. Soy veterana en esto de los blogs, un día tuve dos. Hoy creo que tengo dos y medio. Os cuento.

Resulta que después de un tedioso examen de filosofía allá por bachillerato, a un amigo -que muchas veces me sacó las castañas del fuego y a día de hoy sigue haciéndolo pero indirectamente- y a mí -servidora, hola, hola- se nos ocurrió la satisfactoria ingenuidad de crear un blog de crítica social - http://elblogfilosofico.blogspot.com/ - que nada tenía que ver con filosofía, pero que recibe su nombre por el momento de su creación. Pues bien, como toda niña pequeña con cachorro nuevo, cuando el can cumplió un año lo deseché por mi parte -cosa horrenda y de la que muchas veces me arrepiento- y decidí crear la mayor pastelada del mundo, un blog personal, http://lasonrisadelanube.blogspot.com/, que sucumbió a mi irascibilidad y dramatismo post-adolescente. Este aún no ha sido clausurado, y espero que dure por muchos años más, pero como toda universitaria reprimida, necesito un muro contra el que estampar los huevos de la rutina.

Tal vez esto debí de haberlo comenzado el primer segundo del primer minuto de la primera hora del primer día de [...] del primer año de carrera. Pero qué le vamos a hacer, no soy alemana, mi prima de riesgo particular superaba los 400 puntos.
De todos modos, bienvenidos a mi segunda nube, bienvenidos a mi montaje, mi exclusiva, mi día a día. Bienvenidos a mí. Hoy comienzo a venderme. O a regalarme, quién sabe, que la recesión española también atenta contra la integridad psicológica.


Fdo. Anita Dinamita.