Hoy me he comprado unos tacones. Qué memez, pensaréis. ¿Solo vienes a contarnos eso? Pues sí, vengo y me voy. Pero antes os hablaré de esos preciosos tacones rojos que acabo de adquirir. Un detalle que me ha llamado mucho la atención, es que la suela es roja, pese a no ser unos Louboutin. Después de la polémica generada entre YSL y Louboutin este verano por la demanda de este exclusivo guiño, comienzan a generalizarse. Antes, la pionera de Inditex, Zara, ya se había hecho eco de ello, lanzando diversas “imitaciones” que emulaban a estas joyas de pasarela; pero se ve que esta empresa no tenía el caché suficiente pare enfrentarse al gigante galo. Hoy he encontrado estas pequeñas joyas en un pequeño establecimiento charro, no muy lejos del centro. Miento, no les encontré hoy. La verdad es que ya les había echado el ojo hace unas cuantas semanas. Lo hablaba con una amiga y, le conté, que desde la primera vez que los vi, sabía que iban a ser míos. No soy una caprichosa materialista, ni los zapatos son para tanto a los subjetivos ojos de cualquier especialista. Pero tienen algo, algo que me fascina. Calzarlos es un privilegio escarlata. Conceden seguridad a cada paso. Visten como ninguno, tanto si llevas vaqueros como si los combinas con un tono de labios a juego y vestido oscuro. No soy experta en moda, pero leo con asiduidad Cosmopolitan, Vogue, Elle, y de vez en cuando Glamour. Soy de esas mujeres que no vive la moda al cien por cien, porque considera que hay cosas más relevantes que preocuparse por un trench. ¿Un porcentaje? Fifty fifty. Francamente, me gustaría poner en práctica todas las ideas y looks que tengo en mente, pero si realmente quieres rendir en tu día a día, es necesario prescindir de estos detalles. El tiempo, la gran coacción.
Aún así, mis amigas suelen reprochar mi obsesión por el calzado alto, de no menos de ocho centímetros. Suelen imaginarse mi zapatero como un imposible, una cuna de ante, plataformas, hebillas y cuñas en la que no hay sitio para un cordón más. Y cada vez que me lo dicen… Paro a pensar… Y me doy cuenta de que a pesar de poseer hermosos pares, aún no he conseguido encontrar ese zapato que abandoné a mitad de la escalera. Ese zapato dejado y discriminado. Y tal vez por ello, pongo tantas expectativas en estas piezas, porque espero perder uno algún día… Y que un príncipe termine por encontrarme.
Firmado, Carrie Bradshaw o una cenicienta reprimida.